Cuando el mundo suena demasiado fuerte: Entendiendo la hipersensibilidad auditiva en el TEA y TDAH

Tercera ley de Newton “para cada acción hay una reacción igual y en el sentido opuesto”.


¿Alguna vez has sentido que el motor de una refrigeradora suena como un avión aterrizando, o que el murmullo en un restaurante te impide pensar? Para muchas personas neurodivergentes, esta es nuestra realidad constante.

1. ¿De dónde surge y qué es exactamente?

La hipersensibilidad auditiva (o hiperacusia) no nace en los oídos, sino en el cerebro. Es una diferencia en el Procesamiento Sensorial. En las personas con TEA y TDAH, el sistema nervioso central tiene dificultades para modular los estímulos.

Imagina que el cerebro tiene una "secretaria" que decide qué sonidos son importantes y cuáles ignorar. En nosotros, esa secretaria a veces se va de vacaciones: todo entra al mismo tiempo y con la misma intensidad.

2. El "Filtro" que no existe

A las personas neurotípicas les resulta fácil ignorar el goteo de un grifo o el sonido del aire acondicionado. A nosotros nos falta ese filtro selectivo.

  • En el TDAH: El cerebro intenta atender a todos los sonidos a la vez, lo que causa una fatiga cognitiva agotadora.

  • En el TEA: Ciertos sonidos pueden percibirse físicamente dolorosos, como si fueran golpes o agujas.

3. El camino a la desregulación y la crisis

Cuando el entorno nos bombardea sin tregua, ocurre la saturación sensorial. Si no podemos escapar del ruido, el sistema nervioso entra en modo de "lucha o huida".

  • La Desregulación: Empezamos a estar irritables, perdemos la concentración o nos movemos más (stimming) para intentar calmar el sistema.

  • La Crisis Sensorial (Meltdown): No es un berrinche. Es un colapso total del sistema. El cerebro se "apaga" por exceso de entrada de datos.

4. ¿Cómo se evidencia? (Señales de alerta)

Como padres y docentes, debemos observar más allá de la conducta:

  • Taparse los oídos con las manos o encoger los hombros.

  • Aumento de la ansiedad en lugares concurridos (centros comerciales, comedores escolares).

  • Parecer "distraído" o no responder cuando se le llama (a veces el cerebro "se desconecta" para protegerse del ruido).

  • Irritabilidad repentina sin causa aparente.

  • Zumbidos o ecolalias (repetir palabras) para "tapar" el ruido exterior con uno propio y controlado.

5. ¿Cómo podemos apoyar?

La empatía es nuestra mejor herramienta, acompañada de acciones prácticas:

  • Anticipación: Avisar si habrá ruidos fuertes (licuadoras, simulacros, alarmas).

  • Herramientas de regulación: El uso de auriculares de cancelación de ruido o tapones de silicona puede cambiarle la vida a un estudiante o a tu hijo.

  • Zonas de silencio: Crear un "refugio sensorial" donde el ruido sea mínimo.

  • Validación: Nunca digas "no es para tanto" o "ya te acostumbrarás". Para nuestro sistema nervioso, sí es para tanto.

Mi consejo como profesional y mamá: No busquemos que el niño "aguante" el ruido; busquemos que el entorno sea lo suficientemente amable para que su cerebro pueda brillar.


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