Para un niño pequeño, el mundo puede ser un lugar caótico, ruidoso y, a veces, impredecible. Imagina vivir en un lugar donde no sabes cuándo vas a comer, cuándo verás a tus padres o en qué momento debes dejar de jugar para dormir. Esa incertidumbre genera niveles altos de cortisol (la hormona del estrés).
Las rutinas actúan como un ancla emocional. No se trata de horarios militares, sino de ritmos predecibles que transforman el caos en seguridad.
1. Seguridad y bienestar emocional
Cuando un niño sabe que después del baño viene el cuento, y después del cuento viene el beso de buenas noches, su cerebro se relaja. Esta predictibilidad reduce la ansiedad y las rabietas, ya que el niño no tiene que "luchar" contra lo desconocido; simplemente fluye con lo que ya sabe que va a suceder.
2. Construcción de hábitos saludables
La primera infancia es el "periodo sensible" para los hábitos. Una rutina establecida facilita que acciones como lavarse los dientes, recoger los juguetes o comer verduras se conviertan en procesos automáticos. Lo que hoy es una rutina guiada por los padres, mañana será la autodisciplina del adulto.
3. Fomento de la autonomía
Las rutinas claras permiten que el niño anticipe y participe. Un niño que sabe que después de comer hay que lavarse las manos, eventualmente irá al lavabo sin que se lo pidan. Esto refuerza su autoconcepto: "Yo puedo hacerlo solo".
4. Noción del tiempo
Los niños pequeños no entienden el concepto de "en 20 minutos" o "a las 5:00 PM". Ellos miden el tiempo a través de secuencias de eventos. Las rutinas les ayudan a organizar su estructura mental y a comprender el orden lógico de las cosas.
Consejos para Crear Rutinas Claras y Efectivas
Establecer una rutina requiere paciencia y, sobre todo, consistencia. Aquí te dejo algunas claves para que el proceso sea exitoso y amoroso:
Usa apoyos visuales: Crea un tablero con dibujos o fotos del niño realizando las actividades (desayunando, vistiéndose, guardando juguetes). Al ser visuales, ellos pueden "leer" su día sin depender constantemente de las instrucciones verbales de un adulto.
Transiciones suaves: Avisa antes de cambiar de actividad. "En cinco minutos vamos a guardar los bloques para ir a cenar". Esto les da tiempo emocional para cerrar lo que están haciendo.
Mantenlo simple: No satures el día con demasiadas actividades. La rutina debe incluir tiempo para el juego libre y el descanso. Un niño sobreestimulado es un niño estresado.
Involúcralos en la creación: Si el niño es un poco más grande, pregúntale: "¿Qué quieres hacer primero después de la escuela: merendar o jugar un rato?". Darles opciones limitadas les hace sentir que tienen control sobre su vida.
Flexibilidad consciente: La rutina está al servicio de la familia, no al revés. Si hay una fiesta, un viaje o una enfermedad, está bien romper la rutina, siempre y cuando se retome lo antes posible para devolver la calma al hogar.
El ritual del sueño es sagrado: Es la rutina más importante. Un ambiente tenue, lectura de cuentos y contacto físico preparan el sistema nervioso para un descanso reparador, esencial para el crecimiento y el aprendizaje.
Las rutinas son, en esencia, una forma de decirles a nuestros hijos: "Estás seguro, yo sé lo que necesitas y aquí siempre habrá un orden que te cuida".


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