El poder de lo cotidiano: Por qué las rutinas son el cimiento de la infancia

Tercera ley de Newton “para cada acción hay una reacción igual y en el sentido opuesto”.


Para un niño pequeño, el mundo puede ser un lugar caótico, ruidoso y, a veces, impredecible. Imagina vivir en un lugar donde no sabes cuándo vas a comer, cuándo verás a tus padres o en qué momento debes dejar de jugar para dormir. Esa incertidumbre genera niveles altos de cortisol (la hormona del estrés).

​Las rutinas actúan como un ancla emocional. No se trata de horarios militares, sino de ritmos predecibles que transforman el caos en seguridad.

1. Seguridad y bienestar emocional


​Cuando un niño sabe que después del baño viene el cuento, y después del cuento viene el beso de buenas noches, su cerebro se relaja. Esta predictibilidad reduce la ansiedad y las rabietas, ya que el niño no tiene que "luchar" contra lo desconocido; simplemente fluye con lo que ya sabe que va a suceder.  

​2. Construcción de hábitos saludables


​La primera infancia es el "periodo sensible" para los hábitos. Una rutina establecida facilita que acciones como lavarse los dientes, recoger los juguetes o comer verduras se conviertan en procesos automáticos. Lo que hoy es una rutina guiada por los padres, mañana será la autodisciplina del adulto.  

​3. Fomento de la autonomía


​Las rutinas claras permiten que el niño anticipe y participe. Un niño que sabe que después de comer hay que lavarse las manos, eventualmente irá al lavabo sin que se lo pidan. Esto refuerza su autoconcepto: "Yo puedo hacerlo solo".  

4. Noción del tiempo


​Los niños pequeños no entienden el concepto de "en 20 minutos" o "a las 5:00 PM". Ellos miden el tiempo a través de secuencias de eventos. Las rutinas les ayudan a organizar su estructura mental y a comprender el orden lógico de las cosas.  

​Consejos para Crear Rutinas Claras y Efectivas


​Establecer una rutina requiere paciencia y, sobre todo, consistencia. Aquí te dejo algunas claves para que el proceso sea exitoso y amoroso:  

Usa apoyos visuales: Crea un tablero con dibujos o fotos del niño realizando las actividades (desayunando, vistiéndose, guardando juguetes). Al ser visuales, ellos pueden "leer" su día sin depender constantemente de las instrucciones verbales de un adulto.

Transiciones suaves: Avisa antes de cambiar de actividad. "En cinco minutos vamos a guardar los bloques para ir a cenar". Esto les da tiempo emocional para cerrar lo que están haciendo.

Mantenlo simple: No satures el día con demasiadas actividades. La rutina debe incluir tiempo para el juego libre y el descanso. Un niño sobreestimulado es un niño estresado.  

Involúcralos en la creación: Si el niño es un poco más grande, pregúntale: "¿Qué quieres hacer primero después de la escuela: merendar o jugar un rato?". Darles opciones limitadas les hace sentir que tienen control sobre su vida.

Flexibilidad consciente: La rutina está al servicio de la familia, no al revés. Si hay una fiesta, un viaje o una enfermedad, está bien romper la rutina, siempre y cuando se retome lo antes posible para devolver la calma al hogar.

El ritual del sueño es sagrado: Es la rutina más importante. Un ambiente tenue, lectura de cuentos y contacto físico preparan el sistema nervioso para un descanso reparador, esencial para el crecimiento y el aprendizaje.

​Las rutinas son, en esencia, una forma de decirles a nuestros hijos: "Estás seguro, yo sé lo que necesitas y aquí siempre habrá un orden que te cuida".

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