La flexibilidad cognitiva es una de las funciones ejecutivas más determinantes en el desarrollo y bienestar de las personas dentro del Espectro Autista (TEA). A menudo confundida con la "terquedad" o la "falta de voluntad", esta capacidad neurológica es, en realidad, la habilidad del cerebro para adaptar el pensamiento y la conducta ante situaciones nuevas, inesperadas o cambiantes.
El "músculo" de la adaptación
Técnicamente, la flexibilidad cognitiva permite que un individuo cambie su enfoque de un estímulo a otro o que ajuste su respuesta cuando las reglas del entorno varían. Para una persona con TEA, este "músculo" suele presentar un funcionamiento distinto, lo que convierte los cambios —por más mínimos que sean— en desafíos significativos para su autorregulación.
¿Cómo se evidencia la falta de flexibilidad en el TEA?
La rigidez cognitiva no se manifiesta de una sola forma, sino que permea diversos aspectos de la vida cotidiana de los niños y adultos dentro del espectro:
Resistencia a los cambios de rutina: Una modificación en la ruta hacia la escuela o un cambio en el menú del almuerzo puede desencadenar niveles elevados de ansiedad.
Dificultad en las transiciones: El paso de una actividad placentera a una necesaria (como dejar de jugar para ir a bañarse) suele ser un punto crítico de fricción.
Patrones de pensamiento restrictivos: Se observa una tendencia al pensamiento dicotómico (todo o nada) y una adherencia estricta a reglas sociales o personales.
Fijación en temas de interés: La dificultad para trasladar la atención fuera de sus intereses profundos, incluso cuando la situación requiere un cambio de foco.
Barreras generadas por la rigidez cognitiva
La falta de flexibilidad no es solo un rasgo de personalidad; es una barrera que impacta directamente en la calidad de vida:
Barreras Sociales: La interacción humana es intrínsecamente impredecible. La dificultad para adaptarse a los matices del otro puede llevar al aislamiento.
Barreras de Aprendizaje: En el entorno escolar, la rigidez puede dificultar la resolución de problemas de formas alternativas o la comprensión de conceptos abstractos.
Agotamiento Emocional: El esfuerzo constante por intentar predecir y controlar el entorno para evitar la ansiedad deriva, frecuentemente, en fatiga cognitiva o burnout.
Estrategias de apoyo: Fomentando la adaptabilidad
El apoyo a las personas con TEA debe centrarse en reducir la incertidumbre y proporcionar herramientas que actúen como "puentes" hacia la flexibilidad:
Anticipación y Estructura: El uso de agendas visuales y cronogramas permite que la persona sepa qué esperar, reduciendo la carga cognitiva que genera lo inesperado.
Entrenamiento en el "Plan B": Es fundamental enseñar de manera explícita que los cambios son una posibilidad y practicar respuestas alternativas ante pequeños imprevistos en un entorno seguro.
Uso de Historias Sociales: Estas narrativas ayudan a procesar de antemano situaciones nuevas, permitiendo que la persona ensaye mentalmente su respuesta.
Validación de la Experiencia: Comprender que la crisis ante el cambio es una respuesta fisiológica al miedo ayuda a que el entorno (padres y docentes) responda con calma y no con mayor presión.
Para finalizar les recuerdo la Tercera Ley de Newton qur establece que "con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria". En el contexto de la neurodiversidad, cuando una persona con TEA presenta una respuesta de rigidez extrema, el entorno suele reaccionar con una fuerza igual de rígida para intentar mantener el control.
Sin embargo, en el ámbito de la enseñanza y la crianza, esta ley física resulta contraproducente. Si ante la inflexibilidad del estudiante el sistema responde con más dureza, el resultado es la ruptura del vínculo y el aumento del estrés. La verdadera inclusión propone desafiar esta ley: ante la rigidez del otro, la respuesta del entorno debe ser la flexibilidad. Un entorno flexible es el que permite que la persona neurodivergente encuentre la seguridad necesaria para, eventualmente, aprender a fluir.


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