¿Alguna vez has terminado una tarea sintiéndote orgullosa, solo para darte cuenta minutos después de que olvidaste la mitad de las instrucciones? ¿O tal vez dijiste algo en una reunión y, al ver las caras de los demás, te diste cuenta de que el tono no fue el adecuado?
Si te pasa, no es falta de interés. Es una falla en la monitorización y el autocontrol, dos funciones ejecutivas que actúan como nuestro "espejo interno".
¿Qué es la Monitorización y el Autocontrol?
En términos sencillos, la monitorización es la capacidad de supervisar en tiempo real lo que estamos haciendo, comparándolo con el objetivo que queremos lograr. Es lo que nos permite detectar errores mientras trabajamos.
El autocontrol (o inhibición), por su parte, es el freno de mano. Es lo que nos permite decir "espera, esto no va así" o "no debo decir esto ahora". Juntos, son el sistema de calidad de nuestro cerebro.
¿Por qué nos falla?
En los cerebros neurodivergentes (TDAH y Autismo), la comunicación entre la corteza prefrontal y otras áreas del cerebro es diferente.
- Déficit de dopamina: Al no tener niveles estables de dopamina, el cerebro prioriza el estímulo inmediato y "desconecta" el sistema de vigilancia.
- Sobrecarga cognitiva: Como usamos mucha energía para prestar atención, no nos queda "batería" para supervisar cómo lo estamos haciendo.
¿Cómo se manifiesta en el día a día?
- El "Ahí va": Enviar correos sin adjuntos o mensajes con errores de ortografía obvios, aunque los hayamos leído antes.
- Dificultad para seguir reglas de juegos o normas sociales: No darnos cuenta de que estamos hablando muy alto o interrumpiendo.
- Pérdida de la noción de progreso: Empezar a limpiar la cocina y terminar organizando fotos de hace 10 años, sin notar que nos desviamos del objetivo original.
- Dificultad para aprender de los errores: Como no "vimos" el error mientras ocurría, tendemos a repetirlo una y otra vez.
Formas simples de compensar
No se trata de "esforzarse más", sino de crear apoyos externos que hagan el trabajo que nuestro cerebro no está haciendo solo:
- Listas de Verificación (Checklists) de Salida: Antes de cerrar una tarea o salir de casa, ten una lista física (pegada en la puerta o en el monitor) con 3 puntos clave: "¿Llevo llaves/celular?", "¿Adjunté el archivo?", "¿Revisé la fecha?".
- Alarmas de "Realidad": Pon alarmas en tu celular cada 30 minutos con una etiqueta que diga: "¿Qué estás haciendo ahora?". Esto te obliga a hacer una pausa y reconectar con tu objetivo inicial.
- El "Espejo Externo": Si eres docente o padre, no digas "lo hiciste mal". Pregunta: "¿Cómo ves tu trabajo comparado con el ejemplo?". Ayuda a la persona a activar su propio monitor interno.
- Le lectura en voz alta: Para errores de escritura, leer en voz alta obliga al cerebro a procesar la información por una vía distinta (la auditiva), lo que facilita detectar errores que la vista "saltó".
Para cerrar este tema, usemos una de mis leyes favoritas de la física aplicada a nuestra realidad neurodivergente. Como mamá con formación en educación, he aprendido que cada esfuerzo que hacemos por entender nuestro cerebro tiene un impacto real.
En el camino de la neurodiversidad, la Tercera Ley de Newton nos enseña que a cada acción de conocimiento y aceptación, corresponde una reacción igual y opuesta de libertad y empoderamiento.
Es decir, cuanto más entendemos cómo funcionan nuestras funciones ejecutivas, con más fuerza logramos derribar los muros de la incomprensión.


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