Los parientes de Andrew lo recuerdan como un niño que destacó por sus comportamientos: nulo contacto visual, saludos fríos, dificultad al interactuar, rutinas rígidas, lenguaje reducido, crisis debido a la falta de lenguaje o sobrecarga sensorial, entre otros. Las personas que se llegaron a cruzar con él le impusieron diferentes etiquetas de maneras sutiles, “Su niño no habla porque está muy chineado, no debe cuidarlo tanto, sueltelo un poco” le dijo una señora en el supermercado a Marie luego de que el niño no respondiera a su saludo, “Si lo criaran como me criaron a mí, ya su hijo no estuviera gritando así” fue lo que expresó un señor mayor al presenciar una crisis de Andrew en el parque de juegos. En fin, a los ojos de cualquier padre experto en crianza Andrew necesitaba ser corregido por su comportamiento.
Algunos comportamientos evolucionaron, otros cambiaron y el lenguaje; este surgió con el pasar del tiempo. Hoy en día, Andrew tiene la posibilidad de expresarse con su voz. Sin embargo, sigue siendo un niño de pocas palabras, se podría decir que habla lo necesario, por lo que algunas veces la comunicación le sigue causando dificultades.
Ustedes pensarán, si Andrew ya habla ¿Por qué se dan las dificultades en la comunicación?
Primero, a las personas dentro del espectro autista se les debe hablar con preguntas o frases directas, sin dobles sentidos y adornos innecesarios. Los que no conocen sobre esta característica tienden a no ser directos al hablarle, lo que genera confusión cuando intenta entender las insinuaciones en las conversaciones. Segundo, en la familia de Andrew hay dos miembros diagnosticados con TDAH (su mamá y hermana), las cuales tienen la habilidad de hablar sin parar, con frases ambiguas y muchas veces lanzar preguntas a lo loco. Se oye raro, preguntas a lo loco, pero vean las siguientes conversaciones.
—¿Andrewww, no ha terminado? … ¿ya va a salir del baño?... ¡Apúrese! —se oía Kristin por toda la casa entre salto y salto en frente de la puerta del baño—. Me estoooy orinando.
—No…
—¡No! ¿Qué?... ¿No ha terminado o no va a salir del baño? — respondió la niña con la vejiga a punto de reventar —Nooo… le entiendo.
—¡No!
—¿Qué no, qué?, Andrewww.
—¿Andrew no ha salido? —intervino la mamá que escuchó desde la cocina la semi discusión.
—Yaaa… —respondió Andrew al bajar la cadena del baño.
—Lávese bien las manos, por favor, —le ordenó su mamá.
— Apúrese... Me orino —insistió Kristin todavía saltando. Apenas Andrew abrió la puerta Kristin corrió para adentro:
—Jale la puerta Andrew. ¡No aguanto, me orino, no aguanto! —alcanzó a gritar la niña—. Por favor…
—Kristin, le he dicho que no se aguante tanto, —la regañó Marie, jalando la puerta, ya que Andrew ni escuchó la petición de su hermana.
—No es mi culpa, Andrew duró mucho en el baño—replicó la niña desde adentro—. ¡Ahh! ¡Qué alivio!
—Sí, yo sé, pero usted a veces se aguanta sin necesidad.
—¡No! … es Andrew, no yo, —riñó la niña . Marie escuchó las palabras de su hija y a su mente vino “Sí, creo que sí, me confundí.”
—Perdón…—gritó—. Me estoy haciendo como las abuelas que confunden todo, —se dijo entre dientes al caminar a la cocina.
—Andrew, ¿ya alistó los cuadernos de mañana o no los alistó? — preguntó Marie al niño al verlo en la sala de televisión.
—¡Sí! —se oyó decir el niño, él que no quitó los ojos de la pantalla de televisión.
—¿¡Sí Qué!? ¿los alistó o no los alistó?
—¡Sí!
—¿Sí…QUÉ? Andrew… los ALISTÓ o NO los ALISTÓ —dijo Marie frustrada.
—¡Uyyy!... ¡QUÉ… SÍ… los alisté mamá!
—¡Ah!, okey, pero, no me tiene que responder así, eso es una falta de respeto. “A veces por estar con la cabeza metida en la televisión—pensó— usted no se explica bien”.
—Perdón, pero usted no me entendía… —evidenció su frustración el niño en la disculpa.
Por supuesto, el niño no movió la cabeza en ningún momento, pero el problema no era que él estuviera inmerso en el programa de televisión. Estas conversaciones en que preguntas y respuestas van y vienen sin claridad son una constante en la familia. Las respuestas concisas de Andrew, las preguntas cruzadas de cualquier miembro de la familia; en especial su mamá o su hermana impiden que se de una comunicación fluida.
La familia de Andrew entiende muchas de las características del niño y lo apoyan en las áreas en las que tiene dificultades. No obstante, hasta ese momento no habían notado la forma directa en que el niño se comunica: respuestas cortas (sí, no), frases sin adornos, verdades dichas de manera abrupta que otro miembro hubiera maquillado, entre otras más.
Se puede decir, que la comunicación es un detonante de frustración para toda la familia. Para Andrew, escuchar una y otra vez las preguntas, a pesar de que él ya respondió de manera directa, en especial, a su madre y hermana. Para ellas, escuchar un sí o un no, no daba respuesta a las mil preguntas que le hacían al niño en un minuto.
Un día en el Mall al escuchar a sus dos hijos hablar Marie entendió la forma directa, honesta y funcional en que Andrew se comunica. Esa tarde de viernes, el sol brillaba implacable en el cielo, parecía que las nubes no querían estar cerca de él. Marie esperaba a Kristin y Andrew en el patio de la escuela y ellos esperaban impacientes a que la campana les diera permiso para salir corriendo de las calurosas aulas.
El sonido de la campana retumbó por toda la escuela, sonido que impulsó a todos los niños y niñas a levantarse de sus sillas y correr hacia afuera. “Niños, suban las sillas sobre el pupitre, por favor” es la frase recurrente de las maestras los viernes. Indicación que los niños se devuelven a cumplir.
—Chiquillos, aquí estoy, —gritó Marie para que los niños lograran verla en el grupo de padres.
—Mami, mamá, mami, mamá… —se interalaban las voces de los niños que apresuraban el paso.
—¿Cómo les fue?
—Bieeen…
—Muy bien, mami…
—Bieeen… —repitió Andrew por inercia, con su típico tono de voz.
—Vamos, vamos rápido, tenemos que pasar al Mall, necesito hacer un mandado.
—Okey…
—Oki… —Marie escuchó las respuestas con cierta duda, parecía que nos les interesaba saber el porqué iban al Mall. Lo que ella no sabía era que tanto silencio se debía a que ambos niños pensaron en lo que les gustaría comprar en el Mall, y no en lo que ella necesitaba hacer.
El trayecto de un kilómetro se hizo extenso en compañía de los rayos del sol. Tiempo en que Andrew y Kristin sí se interesaron por indagar; por supuesto, acompañado de peticiones e indirectas.
—Mamááá…¿qué vamos a hacer en el Mall? —inició Andrew con el interrogatorio, seguido de quejas—. Estoy sudando ¿tengo que iiir?
—¡Sí tiene! Tengo que comprar unas cosas, ¿con quién lo voy a dejar? —Fueron las respuestas de Marie, seguidas de las mismas quejas—. Además el Mall está de camino para la casa. ¡Ufff! ¡Sí! ¡Qué calor! Ya casi llegamos, verdad?
—¡Sííí!, ¡qué calor!. Meee sieeento —, suspiró Kristin que aprovechó que Andrew había empezado para seguir— me siento como en un horno mami—. ¿Qué cosas, mami?
—Bueno…se acabaron las hojas de la impresora, mmm, tinta, ya casi se acaba…denme la mano para cruzar la calle…quería ver si habían lápices de color, para cambiarles algunos que están gastados. —Tomó aire por la nariz para poder continuar hablando, ya se sentía cansada y le faltaba el aire—. No recuerdo bien, lo anoté en una nota adhesiva, porque siempre se me olvidan cosas. ¡Qué calor hace, de verdad!
—Los niños escucharon sin decir palabra alguna, en la lista no escucharon algo que les llamara la atención. En su mente empezaron a surgir ideas interesantes de lo que se podría hacer en el Mall, “Un helado de la heladería,mmm —pensó Kristin—, sería delicioso” . Por su parte Andrew se imaginó los juguetes de sus personajes favoritos en la juguetería, juguetes que va a ver cada vez que van al Mall.
—Mamá, ¿Podemos ir a la juguetería?, pooor favor—, preguntó Andrew con brillo en los ojos de solo imaginar los juguetes.
—Tal vez, no,... tal vez, no… “shif, snif” —respondió agitada Marie.
—¿Quééé? —gritó Andrew entre risas, las que compartía con su hermana. Ambos habían escuchado este tipo de respuestas de su madre muchas veces y siempre les causaba la misma reacción.
—”Ji, ji, ji” no creen que con este calor “ji, ji”, sería refrescante comerse un helado, —insinuó Kristin entre risas y al final enfatizó—. El helado es refrescante.
—¿Kristin, usted cree que el helado nos refresque? —la cuestionó Marie mientras elevaba las cejas, como intentando disimular que no entendía la indirecta.
—Sí, está frío y congelado. Entonces, nos va a refrescar, de fijo, yo estoy segura. Y además venden nuestros sabores favoritos…mmm… —Pasó la lengua por su labios al recordar el sabor de helado que le gusta, “mmm…napolitano…mmm”.
—MMM…Tal vez, no, tal vez, no. —Se atacaron de risa los tres. Hasta ese momento Andrew se había limitado a escuchar la conversación sobre comer un helado. No obstante, sus pensamientos seguían enfocados en la juguetería.
Pasados unos minutos más por fin llegaron al Mall, un alivio para los tres por el bochorno que se sentía afuera.
—¡Ahhh! ¡Qué alivio! —expresó Marie mientra pos su mente pasaba “no se nos vaya a orce la nuca por el cambio de temperatura, o un derrame facial”, las típicas frases que escuchó de su mamá y abuela”No salga acalorada, se le va a volver la nuca para el …”.
—¡Fiu! —suspiro Andrew luego de pasar por las puertas, lo que le dio aire para preguntar —¿Vamos a ir a la juguetería mamá?
—Después de ir a la librería.
—Nooo, mamááá. Usted después dice que no podemos durar mucho…“Porque llevamos muchas bolsas”. Siempre nos pasa… —replicó el niño usando una frase textual de su mamá.
—Bueno. Mejor ahora, después andamos con un montón de bolsas.. —Andrew mostró todos sus dientes en una amplia sonrisa luego de escuchar las palabras de su madre.
—Vamos chiquillos…
—Okeeey…
—Oki…
Ya en los pasillos de la juguetería Marie solo escuchaba a Kristin sobre lo refrescante que sería comer un helado.
—Sería refrescante comer un helado. ¡Uyyy! Con este calor, ¿verdad Andrew?, ¿verdad Andrew? —repetía la niña una y otra vez para que su madre escuchara. La cual ignoraba sus frases y su hermano, este se limitó a decir:
—Yo ya no tengo calor…
—¡Uyyy! Porque estamos dentro de la tienda de juguetes…Pero afuera hace calor… —discutió la niña molesta, al ver que Andrew no la apoyaba.
—Listo, ya vimos suficiente, —dijo Marie luego de ver una y otra vez los mismos juguetes. Ya habían dado cinco vueltas por los pasillos de la juguetería.
—Noooooo —replicó el niño—. No me quiero ir…
—Andrew, llevamos 15 minutos dando vueltas aquí. Vámonos ya, —fueron las palabras de Marie la que intentaba no perder la paciencia.
—Vamos Andrew, ¿sería refrescante un helado, verdad? —intervino Kristin que tenía la idea fija de comer un helado y pedir ayuda a su hermano con la petición.
En ese instante el foco de atención de Andrew cambió, ya que en la cabeza del niño se encendió una lucecita y el apoyo que su hermana necesitaba se dio sin tantas indirectas.
—¿¡Y si nos comemos un helado!?, —se oyó la petición del niño la que remató con—. Yo quiero un helado de chocochips.
.
—No me diga Andrew, ¿está seguro que quiere un helado?, no será porque su hermana lleva rato diciendo sobre lo refrescante que sería un halado…
—¡Sí, quiero un helado de chocochips!
—Me imagino que Kristin no quiere un helado, solo ha estado pensando lo refrescante que sería comer un helado, ¿Usted no quiere helado?, no ha dicho que quiera uno…
—¡Sííí! —chilló la niña al instante mientras aplaudía de felicidad.
—Bueno…vamos antes de ir a la librería, igual, después no vamos a ir a comernos el helado con un montón de bolsas.
Por supuesto, Marie había entendido desde la primera frase que Kristin quería comerse un helado y se lo iban a comer aunque no lo pidiera de manera directa. Ella también pensaba lo refrescante que sería comer un helado de chocochips con ese calor, más que refrescante, lo delicioso.
Ya cuando se estaban comiendo el helado Marie pudo analizar la manera en que sus dos hijos habían pedido lo que querían. Kristin dando indirectas “sería refrescante comerse un helado”, su característica manera de pedir, sin pedir y Andrew de forma directa pidió ir a la juguetería y el helado no lo pensó dos veces para decir “¿Y si nos comemos un helado?”.
Luego de ese día Marie se dio a la tarea de investigar sobre la comunicación en las personas dentro del espectro autista, y por fin entendió el porqué muchas veces ella no entendía las respuestas que su hijo daba a las mil preguntas que ella le hacía. Andrew piensa de manera explícita, directa y sin rodeos, el niño procesa la información con precisión, lógica y con ausencia de matices sociales o dobles sentidos.
Entendió que esperar que él respondiera con una larga parla era un error de ella. También comprendió que la manera en que todos los miembros de la familia le hablaban o preguntaban producía confusión en el niño por la cantidad de información que le transmitían. Luego le explicó a su esposo e hija que la manera correcta de hablarle a Andrew es con: preguntas y frases directas, explicaciones concisas sin muchas palabras de más y respuesta de sí o no.
La comunicación es fundamental para las personas dentro del espectro. Aunque la persona haya adquirido el lenguaje como Andrew (sea verbal), detalles como frases indirectas, preguntas cruzadas en la que la respuesta puede ser múltiple impide que la comunicación se dé de manera adecuada. Una forma de apoyo es dirigirse a ellos y ellas de forma directa sin frases rebuscadas para evitarles confusión.


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